El regreso del casete en la era digital de la música

La Redacción

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n la era del 'streaming' también manda el 'revival', y más si hablamos de música. Mientras el mercado digital superó por primera vez el año pasado al físico en nuestro país (según Promusicae el 61% de la facturación vino de la música digital —de los 163,7 millones de euros 87,5 procedieron del streaming—), el vinilo vive una segunda juventud. Tanto que la estimación es que este año facture más de 1.000 millones de dólares en todo el mundo (un 6% de todos los ingresos de la industria) y en España el año pasado sus ventas crecieron un 19,6%. Ahora quien pide paso es la malquerida cinta de cassette.

Según un informe de Nielsen, las ventas de cintas crecieron un 74% en Estados Unidos en 2016. Son apenas 129.000 copias en comparación con los más de 13 millones de vinilos que se vendieron en suelo estadounidense, pero considerando que era un formato prácticamente muerto es un logro que puede crecer en plena época 'revival' retro. La culpa la tienen lanzamientos como la banda sonora de 'Guardianes de la Galaxia' en cassette (15.000 copias vendidas, el récord de cinta más vendida del año pasado) para que los fans de la película la escucharan, como su protagonista, en un walman —artilugio que, por cierto, también se suma al amor por lo retro y quiere llegar al mercado en su versión siglo XXI— o discos como 'Purpose', de Justin Bieber, 'Beauty Behind the Madness', de The Weeknd, y reediciones de discos.

La estadounidense National Audio Company (NAC) es la última gran fabrica cassettes a gran escala del mundo. Mientras el mercado digital crecía, aquí a partir de 2014 paradójicamente también lo hicieron las ventas. Ese año distribuyeron más de 10 millones de cintas, la cifra más alta en sus 45 años de existencia. Al año siguiente, las ventas crecieron otro 20%. "Nuestro modelo operativo se puede caracterizar como terquedad y estupidez. Éramos demasiado tercos para dejarlo", explicaba Steve Stepp, hace un par de años en una entrevista en 'Bloomberg'.

Ahora el holandés Thomas Baur, un ingeniero que se resiste a la muerte de los medios analógicos de grabación de audio, abrirá la única fábrica de cintas de cassette del Benelux y recuperará un formato que define como "fascinante" y que representa a varias generaciones. "No tengo ninguna intención de competir con la tecnología moderna. Quiero ofrecer un producto conocido y familiar a las personas que están abiertas a ello. Más y más personas están hoy dispuestas a recuperar la cinta de casete", explica a Efe.

El cassette compacto es un desarrollo holandés por origen. En 1963, el ingeniero neerlandés Lou Ottens, que trabajaba entonces para la compañía Philips, elaboró este sistema, especialmente por la presión de la competencia con Sony y por la frustración de los "torpes" carretes de bobina que eran comunes en ese tiempo. La idea era poner los carretes de bobina en una pequeña caja para que el usuario pudiera reemplazarlos fácilmente, sin necesidad de rebobinar.